ADVIENTO: Un aviso para navegantes

Miremos el horizonte.. que llega la Navidad

Adviento significa venida. Este tiempo nos prepara para la venida del Señor. La venida de Cristo al mundo se realiza en un triple plan:

PASADO: venida histórica a Palestina,
PRESENTE: venida sacramental, hoy,
FUTURO: venida gloriosa al fin del mundo.

Cristo está viniendo hoy y aquí, a nosotros, dentro de nosotros. Mediante el don de su palabra y de la eucaristía, Cristo se graba en nosotros. Nos hace su cuerpo. Exactamente igual como la semilla se prolonga en el fruto. Esta es la verdad de fe más grandiosa. Quien quiera encontrarse con el Cristo viviente, debe penetrar en el misterio de su presencia, a través de la liturgia. Es necesario que el cristiano tenga mirada interior. El adviento es radicalmente cercanía y presencia del Señor.

El ADVIENTO tiene testigos. Son tres: El profeta Isaías, Juan el Bautista y la Virgen María.
Isaías anuncia cómo será el Mesías que vendrá. Sacude la conciencia del pueblo para crear en él actitud de espera. Exige pureza de corazón.
Juan el Bautista señala quién es el Mesías, que ya ha venido. Él mismo es modelo de austeridad y de ardiente espera.
María es la figura clave del adviento. En ella culmina la espera de Israel. Es la más fiel acogedora de la palabra hecha carne. La recibe en su seno y en su corazón. Ella le prestó su vida y su sangre. María es Jesús comenzado. Ella hizo posible la primera navidad y es modelo y cauce para todas las venidas de Dios a los hombres. María, por su fidelidad, es tipo y madre de la Iglesia.

¿Y los cristinanos del siglo XXI qué actitud debemos tomar?
El Adviento de este año lo planteamos en torno a la imagen del faro que, en medio de la noche, guía a los navegantes hacia buen puerto. Nos acercamos a la Navidad y si echamos un vistazo –un tanto crítico– a nuestro mundo podremos constatar sin demasiados esfuerzos que vivimos rodeados de incertidumbre, de miedos, temores, agobiados por la inestabilidad laboral, afectiva y según en qué sitios incluso vital. Si nos encontramos cómodos, es que quizás nos ha tocado el lado bueno y no sabemos lo que les ha tocado a otros.
Estamos en un mundo donde todo es provisional y relativo, donde todo –como dice la canción– “depende de...”. Lo absoluto ha muerto, ¡viva lo relativo! Y como todo es relativo, todo vale.
En medio de este mar de confusión y desorientación, sin norte ni Osa Mayor ¿quién nos guía?, ¿qué señales nos pueden servir para orientarnos en la noche? El Adviento de 2009 nos presenta una serie de señales, de luces que, como un faro, nos guiarán hasta el puerto, hasta el misterio de la Navidad donde se da a conocer la verdadera luz que alumbra al mundo.

Dios se hace hombre en Jesús de Nazaret y nos trae la Luz, la claridad, aunque en muchas ocasiones sea difícil de vislumbrar.
En medio de la noche una luz brilla y nos marca el destino, es una luz imprescindible para cualquier navegante, para cualquier cristiano que busca al Señor. Es una luz que se mueve, barre todo el horizonte, de norte a sur y de oriente a occidente, para poder llegar a todos los navegantes que están desorientados en la inmensidad del mar. Así pues la iniciativa no es tanto de los hombres –que andamos desorientados– cuanto del Señor que no deja de iluminarnos el camino, a pesar de que repetidamente le seamos infieles. Con cada barrido, con cada domingo, se nos muestra un aviso imprescindible para poder llegar a la Navidad.

Los cuatro domingos de Adviento serán cuatro “avisos para navegantes”, para cristianos que han optado por vivir su fe como una aventura arriesgada, que se encuentran en camino hacia la Navidad. Dios se hace hombre, pero su encarnación es difícil de apreciar porque nunca responde a nuestras expectativas, por eso la liturgia que prepara la Navidad nos ofrece una serie de herramientas –avisos o señales– que son útiles para cualquier cristiano que está en camino, que busca algo fundamental que ilumine su vida y no se conforma con lo puesto.


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